Con 14 días de retraso debido a las fuertes lluvias que sacaron a la luz las miserias de la Isla, la LPA NightRun parecía renacer de unas cenizas mojadas para brillar con luz propia. Como hemos defendido siempre y así hicimos en nuestra anterior (no) crónica de la carrera, la #LPANightRun se ha convertido por méritos propios y necesitando tan sólo dos ediciones en todo un referente para Gran Canaria, en un estandarte canario y en una fiesta nacional y mundial del running.

Ni siquiera la lluvia pudo disipar las ganas de una prueba esperada y marcada en el calendario personal de cada runner (experimentado o novato) que ve en esta carrera la excusa o razón perfecta para desafiarse a sí mismo.

Ni éramos todos los que estábamos, ni estábamos todos los que éramos. El baile de fechas obligó a muchas personas a cambiar su planificación: a algunos le fue incompatible disputar la prueba por motivos laborales, competitivos o de entrenamientos; a otros les sería imposible compaginar agendas y desplazamientos para volver a Las Palmas de Gran Canaria. Así que finalmente no seríamos los 5000 runners anunciados a bombo y platillo pese a que en estos días previos tras anunciarse la nueva fecha, se pusiera en marcha un mercado clandestino en busca de un dorsal que ha dado paso a una dorsalitis. 

La noche estaba perfecta: el tiempo acompañaba, el clima era ideal, la grada curva se poblaba primero de camisetas naranjas y después de familiares... Los atletas de élite copaban las primeras filas mientras que el resto de cajones se llenaban de veteranos y noveles que habían encontrado la dinamo invisible para alimentar de nuevo el sueño, 14 días después de completar el particular reto en forma de 10 K o Media Maratón.

Con una presentación de la prueba al estilo americano, el videomarcador anunciaba a los favoritos al mismo tiempo que iba erizando sensibilidades con una música y unos detalles cuidados al mínimo detalle. Las expectativas eran tantas y tan grandes…el listón era tan sublime…que a las 20:30h tras el pistoletazo de salida, todo empezó a hundirse, a un ritmo lento pero inexorablemente.

En esta entrada no pretendemos ofender a nadie: ni a organización, ni a patrocinadores, ni a voluntarios…de hecho, ellos son el alma de la fiesta, pero para esta edición, parecía estar todo estudiado salvo un detalle, los invitados a la misma. 

Con el agobio inicial de los primeros metros donde cada uno busca posicionarse en busca de atajos para salvar los embudos iniciales, la prueba arrancó lanzada. Había ganas de salir a Mesa Y López, de cruzar Guanarteme y salir a Las Canteras, el primer tapón en su estrecha entrada a la que se llegaba tras pasar por una calle totalmente a oscuras en la que uno corría con el lógico miedo de un posible bache en la calzada en el que poder dejarse un tobillo y dar al traste con el objetivo. Salvada esa angustia inicial, tocaba el giro para entrar en las Canteras. Km3 y primer miniavituallamiento: no había dado tiempo de entrar en calor, pero la gente ya buscaba las primeras botellas de agua que dejaban una curva con restos de este fluido en mitad de la angosta desembocadura aumentando aún más el riesgo del giro. Un primer avituallamiento más de cara a la galería que a una necesidad real.

El paseo de las Canteras sirvió para ir perfilando los grupos y para marcar el ritmo de una prueba que invitaba a intentar desafíos mayores. De nuevo los impedimentos, ya que el concierto en la trasera del Parque Santa Catalina obligaba a retocar el recorrido, por lo que nuestra travesía por la zona del Puerto fue más larga de lo deseado. Se echaba en falta el público que era santo y seña de la prueba que en ese primer tercio de la carrera aún no había entrado a formar parte del espectáculo. 

Tras salir del “desierto” entre muelles, la prueba para la gente de 10K quedaba prácticamente perfilada y de nuevo a los pies del antiguo estadio Insular en busca de la medalla deseada.

Para los que disputábamos la Media Maratón, quedaba el recorrido realmente bonito de la prueba. Tras la kilométrica León y Castillo, Triana y el barrio de Vegueta nos esperaba. Pero entre ambas, de nuevo surgieron problemas técnicos en los avituallamientos, donde muy poco personal y muy cortos stands hacía que fuera prácticamente misión imposible coger algo para hidratarse y una pieza de fruta. Y es que si ibas en grupo como me pasó a mi (intentando ir en la cola del pelotón de 1h 40 minutos) a no ser que te pararas literalmente para esperar que el voluntario se quitara el agobio de verse desbordado y atender tu súplica, preferías optar por seguir sin parar ni beber, con el consiguiente riesgo de que el “tío del mazo” te terminara visitando.

Otro pero que tuvo la prueba fue el desconcierto vivido en el kilometraje. En esta prueba me había planteado hacer marca personal (estaba en 1h 45 min 13 segundos) de la edición 2015 de la Disa Gran Canaria por lo que me marqué el objetivo de ir con la liebre de la hora 40 minutos. Tras ir los primeros kilómetros algo adelantado al grupo, por el Centro Comercial el Muelle me igualé a ellos: el desconcierto era palpable con mensajes que no dejaban claro si se iba más rápido o más lento de lo marcado debido a que ciertas indicaciones kilométricas hacían complicado el cálculo. Tras intentar aguantar 4 kilómetros a ese ritmo virtual, finalmente decidí bajar el pistón y seguir mis sensaciones y cálculos mentales que finalmente no estaban tan mal trazados.

Siguiendo con la carrera, Vegueta como siempre invitó a correr. Sus calles y su historia son un marco idílico para dejarse llevar y olvidar el sufrimiento del paso de los kilómetros. Pero había que reservar, ya que había un kilómetro de repecho que se podía hacer muy duro si las reservas estaban bajo mínimos. Tras vencer esta sorpresa empinada, tocaba el turno de volver de vuelta a “casa”, al antiguo Estadio Insular, de nuevo por una León y Castillo sin gente que se hacía duro para unos piernas pesadas y una cabeza castigada. 

Pero la meta estaba cerca…y la recompensa estaba al alcance de la mano. Ambos LoveryRunneres nos habíamos marcados objetivos diferentes. Miriam el de estar cerca de las mejores e intentar luchar por algún puesto destacado; Juan, el de mejorar su marca personal e intentar bajarla casi 5 minutos y cruzar la meta cerca de 1h 40 minutos. Ambos estábamos entrenados según nuestro planning para el gran objetivo de este final de temporada, la Maratón de Florencia del 29 de Noviembre, pero quizás algo sobreentrenados, ya que con el cambio de fecha, el sábado pasado corrimos la Media Maratón Dunas Fuerteventura, una prueba muy exigente que hacía que no estuviéramos en las condiciones óptimas que hace 2 semanas. Pero finalmente, ambos conseguimos nuestro objetivo. Miriam se alzaría con el tercer cajón del pódium mientras que Juan cruzaba la meta en 1 hora 40 minutos 32 segundos. ¡Qué mejor estreno podíamos darle a nuestras nuevas equipaciones gentileza de 42 K Running. 

A la llegada con Patricia Díaz Perea (1ª) y Erika Blanco de Correia (2ª).

Cansados pero satisfechos, ignorábamos que lo peor estaba aún por llegar…y es que el Estadio Insular al que se echó en falta entrar y cruzar dentro de él la meta (pero por motivos logísticos era poco posible) se convirtió en una fatal ratonera para los runners que por momentos sufrieron un linchamiento y para una prueba, que se traicionó a sí misma al descuidar la atención al runner que la hacía tan especial. Colas para coger una botella de agua que mitigara la deshidratación sufrida tras 21 kms. Colas para coger un trozo de fruta que ayudara a recomponer la compostura perdida por el esfuerzo. Colas… colas en cuáles se colaban personas que no disputaron la carrera y  se abastecían antes que tú, cansado y con las fuerzas al mínimo. Colas para coger la toalla. Colas de más de 30 minutos para coger una cerveza; otros 30 minutos para coger una onza de chocolate…y sin exagerar, una cola de más de hora y media para recoger tus pertenencias del guardarropas.

Ignoramos si fue falta de previsión, de personal o de ambos…pero al mismo tiempo que la entrega de premios se desarrollaba con los fuegos de artificios y los orgullosos patrocinadores, los verdaderos protagonistas de la LPA NightRun, las y los corredores, disputaban su particular viacrucis que les hacía invertir más tiempo dentro del estadio superando las etapas de esa yincana que lo que habían tardado en recorrer su distancia. 

Con el sabor agridulce de la decepción, como de una riña de parejas, muchos abandonábamos el antiguo estadio Insular con una amarga pena. Todo un año esperando a la prueba de las pruebas…por delante 365 días para recuperar la esencia de la LPA NightRun, de volver a mirar primero a los participantes y luego satisfacer el mercado y la demanda del patrocinio. Quién tropieza y no cae adelanta camino…esperamos que lo de este año haya sido tan solo eso, un tropiezo. El año que viene volveremos a estar allí, como hemos hecho desde que se fundó la prueba.

 

Crono LovelyRunners:

     Miriam Navais: 1:34:37

     Juan Toral: 1:40:32

 

Fecha: 07/11/15

Distancia: 21.097 metros

Dificultad: Media-Baja

 

Nota LovelyRunners: 7/10 

 

www.lovelyrunners.com


 

Crónica relacionada:

(No) Crónica: LPA NightRun 2015

 

 

 

 

Comentarios   

0 #2 LovelyR 11-11-2015 14:18
Cito a Nacho:
Ha sido mi primera carrera y en 10k, por eso yo no la he visto tan mal, pero cuando veo las crónicas veo que fallaron muchas cosas. Me alegro de vuestro resultado, os vi pasar poco antes de salir :-)

Sea como sea, la prueba es preciosa ojalá mejore en la próxima edición. ¡Genial la crónica!


Supongo y espero que el próximo año la edición será la más mimada de todas y sobre todo, nos mimaran a los corredores!
La próxima vez salúdanos y nos echamos una foto para el recuerdo :lol: Que ya sabes, esto del correr es solo empezar porque luego parar es imposible!
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+1 #1 Nacho 10-11-2015 14:03
Ha sido mi primera carrera y en 10k, por eso yo no la he visto tan mal, pero cuando veo las crónicas veo que fallaron muchas cosas. Me alegro de vuestro resultado, os vi pasar poco antes de salir :-)

Sea como sea, la prueba es preciosa ojalá mejore en la próxima edición. ¡Genial la crónica!
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